Pablo Chávarri: sus guitarras; sus pedales; su audición monofónica; su camisa de fuerza.
Pablo Chávarri eligió la guitarra en lugar de la metralleta como medio de expresión (aunque los académicos dudan qué opción hubiera tenido más éxito sobre el escenario). Víctima de desórdenes mentales que todavía desafían cualquier diagnóstico, Pablo no comenzó aprendiendo a tocar la música de otros, ya que le resultó evidente desde un principio que la diversión estaba en tocar la suya propia (aunque los académicos dudan si aquello podía considerarse música).
Tras varios años de osadía adolescente salpimentados con escalas ajenas a cualquier sistema musical, asistió a un seminario para jóvenes que también habían optado por la guitarra en lugar de la metralleta, el famoso Guitar Craft. Los arpegios de Pablo, ya de por sí peligrosos para los frágiles huesecillos del oído medio, se tornaron literalmente incendiarios gracias a la fricción producida por su vertiginosa digitación, cuya velocidad relativista enviaba todas las teorías de Einstein a la porra.